Un aire bien instalado no "gasta" gas
Conviene entender esto antes de nada: el circuito de un aire acondicionado es estanco. Si el equipo pierde gas, no es por uso: es porque hay una fuga. Por eso la pregunta correcta no es "¿cuánto cuesta recargar?" sino "¿por dónde se está escapando?". Quien te recarga sin buscar la fuga sabe que volverás en unas semanas con el mismo problema. Nosotros trabajamos al revés: primero la fuga, después la recarga.
Señales de que falta gas
- El aire tarda mucho en enfriar o directamente no baja la temperatura.
- Ves escarcha o hielo en los tubos finos de la unidad exterior o en la batería interior.
- La unidad interior sopla aire menos frío de lo normal aunque esté a tope.
- El compresor arranca y para constantemente sin llegar a enfriar la estancia.
Cómo detectamos la fuga
Según el caso usamos detector electrónico de gas, espuma detectora en racores y uniones, o carga de nitrógeno a presión para localizar pérdidas lentas. Las fugas más frecuentes están en las conexiones abocardadas (los racores de la instalación), en la batería exterior por corrosión —el ambiente de las urbanizaciones con piscina y riego no ayuda— o en microfisuras del serpentín. Una vez localizada, sellamos o sustituimos la parte afectada y hacemos vacío antes de cargar.
Hay fugas rápidas de detectar, que vacían el circuito en pocos días y se notan enseguida, y fugas lentas, tan pequeñas que el equipo tarda meses en perder rendimiento de forma perceptible. Estas últimas son las más engañosas: el cliente nota que "cada verano enfría un poco menos" y lo achaca al calor o a que el equipo envejece, cuando en realidad lleva tiempo perdiendo gas gota a gota por una microfuga. Por eso, si un equipo con pocos años ya rinde peor que el verano pasado, merece la pena revisar presión antes de asumir que "es normal que los aparatos pierdan facultades".
Recarga con la cantidad correcta
Cada equipo lleva especificada la carga exacta de gas en gramos en su placa. Cargar "a ojo" por presión es otro error común: de más, fuerza el compresor; de menos, no enfría. Nosotros cargamos por peso con báscula según ficha técnica, no por intuición. El resultado es un equipo que enfría a su rendimiento nominal y consume lo que debe.
El proceso completo, una vez reparada la fuga, es: vaciar el resto de gas que quede en el circuito, hacer vacío profundo con bomba durante el tiempo necesario para eliminar cualquier resto de humedad y aire (la humedad dentro del circuito es la principal causa de que un compresor se estropee prematuramente), y solo entonces introducir el gas nuevo pesado con báscula de precisión. Al terminar comprobamos presiones de alta y baja, la temperatura de la línea de líquido y el salto térmico entre el aire que entra y el que sale de la unidad interior, que es la forma más fiable de confirmar que la carga es correcta y no solo "suficiente para que sople frío".
Tipos de gas: R32, R410A y el problema del R22
La mayoría de equipos actuales usan R32 (el más eficiente y ecológico) o R410A. Los aparatos antiguos con R22 son harina de otro costal: ese gas está prohibido desde hace años por dañar la capa de ozono y ya no se puede comprar ni recargar legalmente. Si tu equipo es de R22 y ha perdido gas, no hay recarga posible: la única salida real es cambiar el equipo. Te lo decimos de frente y, si quieres, te pasamos precio de sustitución.
Por qué recargar sin sellar no vale
Insistimos porque es el fraude más habitual del sector en verano: aparece alguien, "carga gas", cobra y en tres semanas el aire vuelve a fallar porque la fuga sigue ahí. Has pagado un gas que ya se ha escapado a la atmósfera. Hacerlo bien cuesta un poco más el primer día y sale mucho más barato en la temporada. Si prefieres que primero valoremos si de verdad es falta de gas —muchas veces el síntoma es otra cosa—, mándanos el modelo por WhatsApp.
Precio orientativo de una recarga con reparación de fuga
El coste depende de tres variables: el tipo de gas (el R32 suele ser algo más económico que el R410A por gramo), la cantidad que necesita el equipo según su potencia, y la dificultad de reparar la fuga encontrada —no es lo mismo apretar un racor accesible que soldar un punto de la batería exterior con difícil acceso—. Por eso no damos un precio cerrado de recarga sin más: dividimos el trabajo en localización de fuga (con el equipo de detección), reparación del punto encontrado y recarga final por peso, y presupuestamos cada parte una vez sabemos exactamente qué hay que arreglar. Es más trabajo explicarlo así, pero evita el clásico "300 € por recargar gas" que en realidad no soluciona nada si la fuga sigue abierta.